Hay una fuerza extremadamente poderosa que puede cambiar nuestra concepción del universo y nuestra propia vida. Hasta ahora nadie había conseguido encontrar su explicación. Albert Einstein la resolvió en su momento en una ecuación matemática, pero, por alguna razón desconocida, decidió que permaneciera oculta. Javier, un guionista de radio, perdedor y un poco canalla, y Sarah, una misteriosa y seductora especialista en el genio alemán, participarán en una búsqueda llena de peligros y sorpresas que les llevará a los lugares en los que vivió, trabajó, sufrió y amó el premio Nobel más famoso de todos los tiempos. Lo que desconocen es que su aventura en busca de la última respuesta será ante todo un viaje iluminador hacia lo más profundo de ellos mismos.
Todas las familias felices está atravesada por el desencanto, la desilusión y la nostalgia como resentimiento. Personajes insatisfechos que viven directamente la vida como melodrama y la realidad como la presenta la televisión. Seres encarcelados por el miedo, las pulsiones y la hipocresía. Vidas marcadas por el fatalismo, más que por la fatalidad. Y puede ser de otra manera por cuanto viven en un México que es un infierno, no el dado por Dios, sino un averno construido por una historia de atavismos y de vicios.
En su obra más reciente, Carlos Fuentes somete al lector a una galería de horror de personas secuestradas por sus propios actos, por los de su clase social o por la mala suerte. Y, desde luego, la manera como sus familias, con su carga de amor y honor, son arrastrados al abismo.Como toda buena literatura, a pesar de sus referencias constantes con la realidad — “La madre del mariachi”, por ejemplo, alude directamente a los linchamientos de Tláhuac para narrar la historia de una madre y su hijo perdido—, esta antología de cuentos es una aventura de embustes verosímiles, cuyo lazarillo es el lenguaje. No me refiero al buen decir las cosas sino a la manera de construir una realidad viva en sus propios términos. Fuentes, el del narrador en segunda persona de La muerte de Artemio Cruz , parte de elegir una forma. Como la de una película italiana de varios episodios, sólo que aquí se toma elementos de la tragedia griega con todo y su coro. En cierta forma, también, Fuentes hace de Todas las familias felices una colección de fábulas, cuyas moralejas están implícitas en la suerte de los personajes.